XII

De los apuntes de un iconoclasta.

Cierre de un ciclo muy largo, un día completo transcurrido en tres años.

Fui a dormir al desierto sagrado, cobijado por lo oculto e indescifrable, desarmado, pesado, infantil y blando. Dormí en vida, con los ojos abiertos el sueño de la absoluta realidad; el intentar amar y odiar, intentar cobrar y mendigar, intentar comer y ayunar, aprendiendo el intento impecable del corazón en llamas.

Contemplé los finos detalles del baile de la percepción, fijé una intensión con atención y estiré aquellos lazos brillantes que ni siquiera conocía llamados voluntad.

Dolieron en cada intento de control, en cada pulsión de mi desatino, en cada paso de mi destino. Pero son flexibles cual músculos que el mismo ejercicio tonifica y define, volviéndolos fuertes, menos propensos al dolor de cansancio.

Resistentes a los más duros embates, disfrutan del esfuerzo, de ese ardor, del sufrir, de la retribución por vivir con fuerza y firmeza. Pues el corazón es el verdadero héroe, el núcleo, el centro, el fuego, la luz, la vida y mi guía. Lo he trabajado, estirado, aflojado, golpeado, aplastado, cortado, hervido, congelado, mostrado y ocultado; de igual manera lo han maltratado, escupido, pisado, vejado, humillado, calumniado, prejuzgado, ignorado y a veces escuchado, acariciado y sanado.

Aprendí el valor del silencio en su profundidad, la caricia del verso en la piel, la cosquilla del trazo en el rostro, el sabor de un regazo gustoso, la fragancia de una y otra flor viva. Así salió aquel niño del letargo en medio de la nada, cubierto de arena, de espinas, de sol, del híkuri, de noche y de estrellas para volverse hombre que camina. Herramienta de madera que se talla sola, con punta de metal que abre caminos y filo para trazar sus propias líneas.

Cada vez encontraba fragmentos de mí en los demás, grandes, pequeños, complementos del mosaico que debo armar. Hasta que más de siete años y una vida después de lo acordado con la oscuridad, fue momento de despertar. Habiendo aprendido los secretos que ella me quería confiar.

La materia oscura que compone los sueños y une el universo. La luz que lo define y solidifica. Complementos. Filamentos de algo que nunca podremos percibir, suponer ni llegar a imaginar. El misterio, la realidad, la esencia oculta que con nuestra voluntad podemos moldear.

La mente filtra, el ojo evita, el tacto guarda, el gusto advierte, el oído engaña, el olfato alerta pero el corazón sigue… enlace a lo desconocido, ligamento a la totalidad, instrumento musical que debemos aprender a utilizar para viajar a lo intangible y de ahí a lo que está más allá.

Siete años, siete meses, siete días, setenta veces siete horas que vivir despierto, mirando, asechando, intentando, con voluntad.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s